Dígalo, dígalo sin miedo; tal como va el mundo todos los que no somos imbéciles necesitamos estar un poco locos.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El coágulo abominable-

( que había que arrancarse a tirones de palabras)

Te detesto.
Detesto no poder odiarte,
porque el odio es irracional
y los motivos me sobran para estar sólo furiosa.
Con vos,
con todo lo que te implica.
Con los fines de semana adentro y las canciones
y los desayunos y los dedos apretados.

Aborrezco tu sello en los lugares,
las dudas,
los llantos dos veces y sospechar que ni escozor te ha dado.
Y las coincidencias,
y la lluvia de ese día contra la ventana
el balcón
el abrazo del beso de mate lavado.

Me indigesta tu libro en mi estante
sólo,
hipócrita y al acecho.
El recuerdo empañado y la pérdida de tiempo
Rotunda.
Doble.


Me enfurece tu ego, tu forma de hoyo negro,
tu alarde de desgracia,
terco,
petulante,
estrepitoso y ciego.

Me sulfura compadecerte y que no lo sepas.
Que ignores que hoy soy enorme y vos
lejano,
minúsculo y menguante,
y que es un soplo
este segundo en que me doy cuenta de que por suerte,
por suerte ya me haces nada de falta.