martes, 29 de septiembre de 2009
domingo, 13 de septiembre de 2009
martes, 1 de septiembre de 2009
Raíz-
El sólo hecho de poder todavía sentir vértigo al caminar cual equilibrista por el cordón de la vereda, le retorcía el estómago de felicidad. Le erizaba los pelos de la nuca enfrentarse al peligro de los escombros subrepticiamente sueltos, a las irregularidades de la raíz de algún árbol que se regocijaría (lo sabía) de verla tambalear aunque fuese por una fracción de segundo. Y entonces, de inmediato, la fugaz y casi animal mirada alrededor, que le aseguraría con suerte que, no solo nadie había visto su mortalmente vergonzosa demostración de torpeza, sino que no había una sola persona en el perímetro que se hubiese percatado de su travesía por el cordón de aquella vereda. La mirada alrededor, que confirmaría sus espeluznantes sospechas de que, efectivamente, no era más que una de las tantas diminutas humanidades que deambulaban y tropezaban durante aquél mediodía de martes.
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