Dígalo, dígalo sin miedo; tal como va el mundo todos los que no somos imbéciles necesitamos estar un poco locos.

lunes, 19 de octubre de 2009

Temblar las rodillas-


"Si la locura es eso, bendita sea la locura. Benditos los ojos que me miran aunque no me vean. Bendita su mano en mi cintura aunque no sea mas que un sueño. Escuche, abuela... (Se arrodilla a su lado.) El otro dia me preguntaba ustéd por qué no quería hablar otro idioma que el de Mauricio. ¿Comprende ahora por qué? Un idioma no son las palabras, son las cosas, es la vida misma. Cuando yo era niña, mi madre me decía "querida"; era una palabra. Cuando iba a la escuela, la maestra me decía "querida"; era otra palabra. Pero la primera vez que Mauricio , sin vos casi, me dijo "¡Querida!, aquello ya no era una palabra: era una cosa viva que se abrazaba a las entrañas y hacía temblar las rodillas. Era como si fuera el primer dia del mundo y nunca nadie se hubiera querido antes que nosotros. Por la noche no podía dormir. "¡Querida, querida, querida...!" Allí estaba la palabra viva rebotándome en los oídos, en la almhoada, en la sangre. ¡Qué importa ahora que Mauricio no me mire si él me llena los ojos! ¿Qué me importa que el ramo de rosas siga diciendo "mañana" si él me dio fuerzas para superarlo todo! Si no hace falta que nos quieran..., ¡si basta querer para ser feliz, abuela, feliz, feliz...!"
(Los árboles mueren de pie)

jueves, 8 de octubre de 2009

En la Masmédula-



Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio
desnudo
desquejido
sin raíces de amnesia
en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de
espuma de medusas de arena de los senos
o tal ves en andenes con aliento a zorrino
y a rumiante distancia de santas madres vacas
hincadas
sin aureola
ante charcos de lágrimas que cantan
con pezvelo en trance debajo de la lengua hay
que buscarlo
al poema



Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso
lúcido beodo
inobvio
entre epitelios de alba o resacas insomnes de
soledad en creciente
antes que se dilate la pupila del cero
mientras lo endoinefable encandece los labios
de subvoces que brotan del intrafondo eufónico
con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de

la frente hay que buscarlo
al poema






(Oliverio Girondo)